Perfectamente imperfectos

¿Y si fuéramos perfectos? ¿Y si no cometiéramos errores? La vida tendría poco sentido cuando el camino se construye a base de equivocaciones. Pero, ¿por qué buscamos continuamente la perfección? Queremos el chico perfecto, la cena perfecta o la casa perfecta. La perfección es algo subjetivo. Las personas nacen como un trozo de arcilla que se moldea con el cariño de la gente que te quiere y se endurece con los golpes de la vida. A veces, mientras te empeñas en buscar lo perfecto, te pierdes los detalles de aquello que es perfectamente imperfecto.

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A veces…

A veces digo nunca y significa siempre. A veces digo nada y significa todo. Y como no, muchas veces mis actos contradicen a lo que digo. Y es que cuando me repito, una y otra vez, frases como: “Es que vamos, esto nunca volverá a ocurrir”; “Prometo que no volverás a ser así de tonta”, falta tiempo para que vuelva a caer en el mismo “error”. Pero, ¿es esto un error? Según mi perspectiva, el concepto de “error”, en este caso, es relativo. Lo que es error para los otros, para ti es lo que en ese momento sentías que debías hacer. Y es que a veces, lo que se ve una incoherencia, para ti es la opción más lógica.

Desde la grada todo se ve más claro

Y a todo el mundo le gustaría tener algún tipo de superpoder. ¿A quién no? Poder estar en dos sitios a la vez – y así no hay que elegir-, poder saber que piensa ese QUIÉN sobre el QUÉ hay entre vosotros. Esto último ahorraría muchos quebraderos de  cabeza y simplificaría mucho las cosas. O vete tú a saber, podría haber también a quién le gustaría vivir muchos más años o quién seria feliz si pudiera ser invisible durante un tiempo.


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A mi personalmente, me gustaría a veces ver mi vida desde la grada… Tener un manual de instrucciones sobre los pasos que hay que seguir. Me he permitido el “lujo” de analizar estos primeros tres años de los 20 y darme, ¿por qué no?, una serie de consejos.

“Consejos de una a otra veinteañera:

Anda que no pecarás veces de inocente y de impulsiva…

1. Deberás saber diferenciar las cosas por las que vale la pena sufrir y las cosas por las que no. Que un día oscuro al día siguiente se ve más claro. Relativiza, ¡qué todo lo malo fuera eso!

2. Aprenderás con el tiempo que las penas con rumba son menos penas. Y que no hay mal que por bien no venga. Aunque tu te empeñes, hay cosas que “más claro el agua”.

3. Con el tiempo comprobarás que no hay imposibles sino improbables, pero que el trabajo es indispensable. 

Esto te lo digo porque, “más vale tarde que nunca”.

¿Y tu? Si pudieras tener algún tipo de poder, ¿cuál seria?

L.