Deberían ser eternos

Deberían vivir para siempre. Esa es la cuestión. Deberían estar siempre que los necesitáramos, con sus sabios consejos y sus abrazos con poder para sanar.

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Amor a la carta

Shakespeare dijo: “El viaje termina con el reencuentro de los enamorados”. Con esta afirmación en el aire da comienzo The Holidays. Una de mis películas favoritas y de la que llevaba tiempo con ganas de reseñar. La película nos cuenta la historia de dos mujeres: Iris (Kate Winslet) y Amanda (Cameron Díaz). Dos completas desconocidas que se intercambian la casa durante 15 días para poder superar un desengaño amoroso.

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Seamos grises

Efectivamente. Soy de grises. Y no tengo pudor en admitirlo, en decirlo en voz alta, en gritarlo a los cuatro vientos. Pero no me refiero al gris de color sino a ser gris en las decisiones. No me gusta tener que escoger entre blanco o negro. ¡Lo admito! Soy una indecisa. No me gusta tener que escoger. No me gustan los extremos, soy más de medias tintas y de tener la posibilidad de probar un término medio. No podría vivir con la eterna duda de: Qué hubiera pasado si… Por ello, prefiero no elegir.

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Tú eras totalmente lo contrario. Blanco o negro. De todo o nada. Una autentica locura. Una montaña rusa que aunque me desestabilizara, me tiraba de cabeza y sin arnés a tomar decisiones en las
que tenia que renunciar a una parte. Odio tener que escoger. Sin embargo, quizás era eso lo que me atraía. Un poco de descontrol a mi organizaba agenda. Un poco de locura a mi monótona rutina calculada al milímetro. Un poco de improvisación y de, ¿cómo se dice? ¡Vivir al límite!

 

Ahora con tu ausencia, continuo en mi treces. Me gustan los grises. Me gustan los quizás. Una puerta abierta entre millones que permanecerán para siempre cerradas. Sabes que no tienes la certeza, no estás segura, pero sí tienes la esperanza y, con eso, te es suficiente. Es lo que necesitas para que continúes esperando día tras días. Por si, quizás, recapacita y vuelve. “No sé si eso pasará, espero que sí”. ¡Eso es lo que tiene los grises! Vives en un continuo desconcierto… Pero, oye, ¡tiene emoción!

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Y que todo fluya

Te juro que no creía. No creía en las casualidades. No creía en el azar ni en el destino. No creía. No creía en ello hasta que te conocí. No creía hasta que te vi ahí delante e intercambiamos las primeras palabras. En aquel momento supe que esa química no era normal, era de otro planeta. Empecé a creer. Me miraste, te miré y dejó de dar igual mi mente escéptica, mis objetivos marcados y mis planes de amor precocinado. No pude ni quise rebatirlo. Esta vez lo tenía claro.

¿Qué tiene lo imposible que enamora?

Y me he dado cuenta de que contigo lo quiero todo
que contigo no me faltan las ganas
que contigo el tiempo
es lo último en ese momento.

Un tiempo perfectamente imperfecto
En el que fluían nuestros sentimientos
En el que solo importábamos,
tú y yo en aquel momento.

Las ganas desmesuradas
el loco sentimiento
Las ganas que alimentabas
ilusionándome al momento.

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Perfectamente imperfectos

¿Y si fuéramos perfectos? ¿Y si no cometiéramos errores? La vida tendría poco sentido cuando el camino se construye a base de equivocaciones. Pero, ¿por qué buscamos continuamente la perfección? Queremos el chico perfecto, la cena perfecta o la casa perfecta. La perfección es algo subjetivo. Las personas nacen como un trozo de arcilla que se moldea con el cariño de la gente que te quiere y se endurece con los golpes de la vida. A veces, mientras te empeñas en buscar lo perfecto, te pierdes los detalles de aquello que es perfectamente imperfecto.

A veces…

A veces digo nunca y significa siempre. A veces digo nada y significa todo. Y como no, muchas veces mis actos contradicen a lo que digo. Y es que cuando me repito, una y otra vez, frases como: “Es que vamos, esto nunca volverá a ocurrir”; “Prometo que no volverás a ser así de tonta”, falta tiempo para que vuelva a caer en el mismo “error”. Pero, ¿es esto un error? Según mi perspectiva, el concepto de “error”, en este caso, es relativo. Lo que es error para los otros, para ti es lo que en ese momento sentías que debías hacer. Y es que a veces, lo que se ve una incoherencia, para ti es la opción más lógica.