Seamos grises

Efectivamente. Soy de grises. Y no tengo pudor en admitirlo, en decirlo en voz alta, en gritarlo a los cuatro vientos. Pero no me refiero al gris de color sino a ser gris en las decisiones. No me gusta tener que escoger entre blanco o negro. ¡Lo admito! Soy una indecisa. No me gusta tener que escoger. No me gustan los extremos, soy más de medias tintas y de tener la posibilidad de probar un término medio. No podría vivir con la eterna duda de: Qué hubiera pasado si… Por ello, prefiero no elegir.

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Tú eras totalmente lo contrario. Blanco o negro. De todo o nada. Una autentica locura. Una montaña rusa que aunque me desestabilizara, me tiraba de cabeza y sin arnés a tomar decisiones en las
que tenia que renunciar a una parte. Odio tener que escoger. Sin embargo, quizás era eso lo que me atraía. Un poco de descontrol a mi organizaba agenda. Un poco de locura a mi monótona rutina calculada al milímetro. Un poco de improvisación y de, ¿cómo se dice? ¡Vivir al límite!

 

Ahora con tu ausencia, continuo en mi treces. Me gustan los grises. Me gustan los quizás. Una puerta abierta entre millones que permanecerán para siempre cerradas. Sabes que no tienes la certeza, no estás segura, pero sí tienes la esperanza y, con eso, te es suficiente. Es lo que necesitas para que continúes esperando día tras días. Por si, quizás, recapacita y vuelve. “No sé si eso pasará, espero que sí”. ¡Eso es lo que tiene los grises! Vives en un continuo desconcierto… Pero, oye, ¡tiene emoción!

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Y que todo fluya

Te juro que no creía. No creía en las casualidades. No creía en el azar ni en el destino. No creía. No creía en ello hasta que te conocí. No creía hasta que te vi ahí delante e intercambiamos las primeras palabras. En aquel momento supe que esa química no era normal, era de otro planeta. Empecé a creer. Me miraste, te miré y dejó de dar igual mi mente escéptica, mis objetivos marcados y mis planes de amor precocinado. No pude ni quise rebatirlo. Esta vez lo tenía claro.

¿Qué tiene lo imposible que enamora?

Y me he dado cuenta de que contigo lo quiero todo
que contigo no me faltan las ganas
que contigo el tiempo
es lo último en ese momento.

Un tiempo perfectamente imperfecto
En el que fluían nuestros sentimientos
En el que solo importábamos,
tú y yo en aquel momento.

Las ganas desmesuradas
el loco sentimiento
Las ganas que alimentabas
ilusionándome al momento.

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Perfectamente imperfectos

¿Y si fuéramos perfectos? ¿Y si no cometiéramos errores? La vida tendría poco sentido cuando el camino se construye a base de equivocaciones. Pero, ¿por qué buscamos continuamente la perfección? Queremos el chico perfecto, la cena perfecta o la casa perfecta. La perfección es algo subjetivo. Las personas nacen como un trozo de arcilla que se moldea con el cariño de la gente que te quiere y se endurece con los golpes de la vida. A veces, mientras te empeñas en buscar lo perfecto, te pierdes los detalles de aquello que es perfectamente imperfecto.

Madrid es ella

Es que no hay nada como volver a los orígenes… después de pasar unos días en Madrid no he podido evitar colgar este poema que resume la magia de esta ciudad, mi ciudad, Madrid.

“Ella era toda la poesía que se escribía en Madrid, el verso más bonito de Gran Vía, la boca más hermosa de Malasaña, los ojos más tímidos de los cines de Callao, la cabeza más heavy que había pasado por Argüelles, la cintura más bonita que veías por el metro, las piernas más largas de la Plaza Mayor, la falda más corta de Montera, la musa que aún seguía inspirando a la estatua de Bécquer, el rayo de sol más brillante de una tarde de domingo en el Retiro, la reliquia más bonita del rastro, la que podía domar los leones de Cibeles, la quinta torre de Madrid, el Palacio más Real de todo mi reino. Madrid es ella, y yo, solo una de sus calles.
Ella es el monumento que fotografía Atocha, la que se manifiesta frente al Congreso, la decimotercera uva de la Puerta del Sol, el cabello más hermoso de Salamanca, a la que todo los hindúes regalan rosas y cervezas en la Latina, los labios más rojos del Calderón, la más loca de toda Chueca, la de la carpeta rosa del campus de la Complutense, el paseo más largo a través de la Castellana, el culo más bonito del Retiro, el corazón más salvaje del Bernabéu, el musical más visitado de Gran Vía, la mejor obra de arte del Prado, la que envuelve en flores a los toros de Las Ventas, ella es la única estrella que brilla en Madrid. Ella es Madrid.
Ella es la que baila como una loca en medio de una pista en cualquier garito de Huertas, la chica de Tirso y la Lady Madrid de Pereza, la que es capaz de enderezar las torres Kio, el cubo más helado de cerveza de La Sureña de Gran Vía, la nariz más roja de la Casa de Campo, los acordes de jazz más hermosos del Café Central, la niña que ríe como nadie en Cortilandia, la única diosa de todas las Catedrales, a la que cantan en Libertad 8, el único monumento del Templo de Debod, la palabra más bonita del Barrio de las Letras, la única Movida que existió en Madrid. A la que no hace falta escribirle porque es pura poesía. Ella es Madrid.”

Miguel Gane

A veces…

A veces digo nunca y significa siempre. A veces digo nada y significa todo. Y como no, muchas veces mis actos contradicen a lo que digo. Y es que cuando me repito, una y otra vez, frases como: “Es que vamos, esto nunca volverá a ocurrir”; “Prometo que no volverás a ser así de tonta”, falta tiempo para que vuelva a caer en el mismo “error”. Pero, ¿es esto un error? Según mi perspectiva, el concepto de “error”, en este caso, es relativo. Lo que es error para los otros, para ti es lo que en ese momento sentías que debías hacer. Y es que a veces, lo que se ve una incoherencia, para ti es la opción más lógica.

Desde la grada todo se ve más claro

Y a todo el mundo le gustaría tener algún tipo de superpoder. ¿A quién no? Poder estar en dos sitios a la vez – y así no hay que elegir-, poder saber que piensa ese QUIÉN sobre el QUÉ hay entre vosotros. Esto último ahorraría muchos quebraderos de  cabeza y simplificaría mucho las cosas. O vete tú a saber, podría haber también a quién le gustaría vivir muchos más años o quién seria feliz si pudiera ser invisible durante un tiempo.


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A mi personalmente, me gustaría a veces ver mi vida desde la grada… Tener un manual de instrucciones sobre los pasos que hay que seguir. Me he permitido el “lujo” de analizar estos primeros tres años de los 20 y darme, ¿por qué no?, una serie de consejos.

“Consejos de una a otra veinteañera:

Anda que no pecarás veces de inocente y de impulsiva…

1. Deberás saber diferenciar las cosas por las que vale la pena sufrir y las cosas por las que no. Que un día oscuro al día siguiente se ve más claro. Relativiza, ¡qué todo lo malo fuera eso!

2. Aprenderás con el tiempo que las penas con rumba son menos penas. Y que no hay mal que por bien no venga. Aunque tu te empeñes, hay cosas que “más claro el agua”.

3. Con el tiempo comprobarás que no hay imposibles sino improbables, pero que el trabajo es indispensable. 

Esto te lo digo porque, “más vale tarde que nunca”.

¿Y tu? Si pudieras tener algún tipo de poder, ¿cuál seria?

L.

Y lo simple se volvió complicado

 

A veces pienso si esto es un juego y yo soy la única que no sabe que está jugando. Me siento impotente y decepcionada. ¿Sabes cuando esperas que alguien actúe de cierta manera y no lo hace? Es como si fuera un fallo tuyo. Me canso de depositar esperanzas en algo que no va  pasar, que es imposible que pase porque eres tu la única que pone intención en ello. Es como cuando en una bicicleta de dos, pedalea uno con todas sus fuerzas pensando que esta empezará a andar pudiendo arrastrar el peso del otro.

Tienes detalles, y aunque no se valoren, cada día intentas sorprender pensando que algún día se dará cuenta de lo que sientes. Imposible.

Desistes pero… ¡Qué malo es a veces tu carácter impulsivo! Te puede, supera a tu orgullo y subordina a tu dignidad. Es como un quiero, no debo, pero como puedo lo hago. Venga va,¡una vez más!

– Eo soy yo. Recuerdas aquellas largas conversaciones, aquellas miradas eternas de forma clandestina, aquellas sonrisas que se dejaban ver de forma involuntaria…-

– Sí, la verdad es que ha pasado tiempo pero a pesar de todo sigo aquí… –

Una vez más, después de todo, te encuentras tú sola, viendo como “algo que puede llegar a ser se convierte en algo que pudo haber sido“.