La magia de la Navidad

Existe una misma época navideña pero infinidad de Navidades. Cada uno vive la Navidad a su manera y les da su propio sentido.Algunos las pasan con los amigos, otros con los familiares. Para algunos, Navidad es sinónimo de “vuelta a casa”. Y para otros es época de nostalgia y de recuerdo de aquellas personas que se fueron y que ya no están.

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2016 contigo aprendí que…

Continuamente estamos expuestos al aprendizaje. Desde que nacemos nuestros padres nos inculcan el sentido del bien y del mal. Los comportamientos que adquirimos en nuestra casa y en los ambientes en los que crecemos nos convierte en las personas que acabamos siendo.

Captura de pantalla 2016-12-26 a la(s) 18.40.27.pngA medida que nos vamos haciendo mayores, dejamos de aprender por lo que nos dicen los demás y empezamos a aprender con las experiencias propias. Y es que con los años maduras a base de errores. Seguro que este año ha estado lleno de momentos que te han enseñado muchas cosas… ¿Qué tal si los repasamos?

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Brindo por…

¿Y por qué no es ahora un buen momento para brindar? Me pregunté a mi misma absorta en mis pensamientos. Me veía sola, con la mirada perdida en el fondo de aquella copa de vino. Era uno de aquellos días X, en los que sin saber porqué, se te antoja echar la vista atrás y valorar cada buen recuerdo que permanece en tu memoria después de doce meses de experiencias. Doce meses. Se dice pronto. 365 días en los que ríes, lloras, quieres, aprendes, viajas… Muchos son los momentos que recuerdas al finalizar el año, pero solo algunos privilegiados permanecerán en tu memoria para siempre. Aquellos que logran sacarte una sonrisa al recordarlos y que al cerrar los ojos pagarías por volver a revivirlos. Brindemos. ¡No se me ocurriría otro momento mejor!

brindopor1.jpgNo hace falta esperar a la ocasión en mayúsculas para tener un motivo para brindar. Brindemos por aquellas oportunidades en letra pequeña que pasan desapercibidas pero que pueden ser el detonante necesario para cambios en letras grandes. Continue reading “Brindo por…”

Seamos grises

Efectivamente. Soy de grises. Y no tengo pudor en admitirlo, en decirlo en voz alta, en gritarlo a los cuatro vientos. Pero no me refiero al gris de color sino a ser gris en las decisiones. No me gusta tener que escoger entre blanco o negro. ¡Lo admito! Soy una indecisa. No me gusta tener que escoger. No me gustan los extremos, soy más de medias tintas y de tener la posibilidad de probar un término medio. No podría vivir con la eterna duda de: Qué hubiera pasado si… Por ello, prefiero no elegir.

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Tú eras totalmente lo contrario. Blanco o negro. De todo o nada. Una autentica locura. Una montaña rusa que aunque me desestabilizara, me tiraba de cabeza y sin arnés a tomar decisiones en las
que tenia que renunciar a una parte. Odio tener que escoger. Sin embargo, quizás era eso lo que me atraía. Un poco de descontrol a mi organizaba agenda. Un poco de locura a mi monótona rutina calculada al milímetro. Un poco de improvisación y de, ¿cómo se dice? ¡Vivir al límite!

 

Ahora con tu ausencia, continuo en mi treces. Me gustan los grises. Me gustan los quizás. Una puerta abierta entre millones que permanecerán para siempre cerradas. Sabes que no tienes la certeza, no estás segura, pero sí tienes la esperanza y, con eso, te es suficiente. Es lo que necesitas para que continúes esperando día tras días. Por si, quizás, recapacita y vuelve. “No sé si eso pasará, espero que sí”. ¡Eso es lo que tiene los grises! Vives en un continuo desconcierto… Pero, oye, ¡tiene emoción!

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