Y que todo fluya

Te juro que no creía. No creía en las casualidades. No creía en el azar ni en el destino. No creía. No creía en ello hasta que te conocí. No creía hasta que te vi ahí delante e intercambiamos las primeras palabras. En aquel momento supe que esa química no era normal, era de otro planeta. Empecé a creer. Me miraste, te miré y dejó de dar igual mi mente escéptica, mis objetivos marcados y mis planes de amor precocinado. No pude ni quise rebatirlo. Esta vez lo tenía claro.

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